La caridad laica de las ONG

Por: Manuel G. Ayestarán.

En las últimas décadas, los grandes medios de comunicación han presentado a las ONG como los principales agentes en la lucha contra el mal de la miseria que asola al Tercer Mundo. Gracias a esta labor prestigiadora, la ayuda de emergencia y la cooperación para el desarrollo son conceptos que gozan de gran popularidad en la sociedad occidental contemporánea.

La primera hace referencia a una ayuda puntual a corto plazo, llevada a cabo por parte de la organización, a un colectivo en una situación crítica determinada, que en ningún caso pretende provocar un cambio en su forma de subsistencia u organización, únicamente pretende “preservar la vida y aliviar el sufrimiento de otros seres humanos” 1. El segundo hace referencia a una ayuda a largo plazo que pretende mejorar las condiciones de vida en las comunidades donde se lleva a cabo, de modo que éstas acaben siendo autosuficientes.

El término Tercer Mundo, acuñado en 1952 por el economista y sociólogo Alfred Sauvy, tan empleado en el discurso mediático y académico occidental, es, de entrada, un término poco práctico para la concienciación social, debido a que lleva asociada una connotación de lejanía de las naciones pobres respecto de las ricas, tanto en el sentido físico del término como en el simbólico. Sin embargo, las realidades de ambos lugares se encuentran estrechamente interconectadas, hasta el punto de que la existencia y el desarrollo histórico de las segundas han marcado y marcan profundamente la existencia y la forma de vida existente en las primeras2.

Además de fomentar esta percepción de alejamiento en el público, otro punto de conexión entre el establishment mediático y las ONG es la forma en la que representan a los países desfavorecidos y a sus habitantes en los mensajes que emiten. Estos suelen ser presentados como lugares hostiles, habitados por sociedades atrasadas las cuales, incapaces de subsistir de forma independiente, son víctimas de su propia realidad política, social y natural, y, por tanto, necesitan la ayuda y el socorro de las sociedades más adelantadas para sobrevivir, aspecto mediante el cual se justifica la constante intervención de las naciones ricas en su economía y organización política.

La imagen de marca generada por este tipo de ONG suele caracterizarse principalmente por su carácter apartidista, neutral e independiente. Se presentan a sí mismas como organizaciones que salvan vidas “apolíticamente”. Sin embargo, esta concepción de su trabajo tiene numerosas lagunas y resulta muy dañina a largo plazo para la eliminación de la miseria y de las grandes diferencias sociales en la humanidad.

El carácter apolítico de estas organizaciones viene definido por el hecho de que ninguna tiene afinidad declarada con ninguna ideología ni con ningún gobierno, sin embargo, como se ha mostrado previamente, sí la tienen con entidades de fuerte perfil neoliberal que apoyan y se benefician de las políticas que, en esta línea ideológica, fuerzan a impulsar organizaciones internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional a los países pobres, tales como acuerdos de libre mercado o medidas de legislación ambiental más permisivas que les permitan reducir los costes en sus actividades económicas. Es decir, mantienen relación con empresas que explotan trabajadores y saquean países legalmente, gracias al marco jurídico creado por el establishment político internacional, de fuerte tendencia derechista.

Se dedican a limar los desperfectos más incómodos que produce el capitalismo en vez de denunciar los pilares en los que se asienta este sistema y los mecanismos que emplean sus principales beneficiarios para mantener sus privilegios en él. Su activismo consiste en el desarrollo de obras de caridad, cuyo objetivo es mejorar la situación de colectivos y comunidades puntuales, mientras que, por otro lado, limpian la imagen de sus verdugos y justifican el sistema social y económico que les oprime, prácticas en las cuales no son pioneras, ya que la “empresa líder” ha sido y sigue siendola Iglesia Católica.

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Publicado el mayo 7, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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