Trabajar por un país mejor, nuestro reto. (#Cuba, #Miami, #Madrid)

Las recientes declaraciones realizadas por el presidente cubano, Raúl Castro, en relación a los graves problemas de indisciplina colectiva de los cubanos, trajo nuevamente a debate la necesidad de cambiar ciertos rasgos de nuestro comportamiento social, como única vía segura para lograr la sociedad por la que todos aspostamos.

¿Qué piensan los cubanos? ¿Somos más o menos sensibles que antes? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad colectiva y personal? ¿Estamos dispuestos a cambiar? ¿Cultos o educados? Estas y muchas otras interrogantes surgieron a raíz de varias conversaciones que sostuve por estos días con colegas y familiares.

Algunos plantearon que lo dicho por el Presidente cubano no era nuevo, mientras otros replicaron que lo productivo era haber llevado el debate a toda la población y hacerla partícipe y responsable en este perfeccionamiento que se está dando en la sociedad cubana actual. La solución, decían, no está solo en manos de nuestros dirigentes sino también en cada uno de nosotros. Según mis amigos, y yo también lo pienso, los problemas no se resuelven por sí solos, sino que cada uno de nosotros debe formar parte de la búsqueda y trabajar por el cambio. Debemos aprender a exigir nuestros derechos, a escuchar y en especial ser receptivos.

Motivada por el debate, decidí preguntar a otras personas de diferentes edades y nivel escolar. Mis entrevistados coincidieron en su gran mayoría en que se debe trabajar en conjunto para lograr cambios importantes en la conducta de los cubanos de hoy, pero sobre todo en que debemos ser más tolerantes, respetuosos y amables.

“Raúl tocó aspectos importantes sobre comportamientos inadecuados que lamentablemente se han enraizado en nuestra sociedad. Es mentira eso de que se da solo en los jóvenes, sino en toda la población en general. A veces resulta chocante ver que no se da un asiento a una embarazada, gritos en la calle a cualquier hora, y la música alta. Si, creo que debemos cambiar mucho, mucho”, aseguró Jorge de unos 40 años y graduado de Ingeniería Industrial.

Por su parte, Indira, una profesora de Secundaria Básica, señaló que eliminar la indisciplina social es una tarea de titanes. “Por ejemplo a los estudiantes tratamos de enseñarles ciertos valores desde que están en el círculo infantil, pero no hacemos nada cuando al llegar a casa o en la misma calle ven todo lo contrario. Por eso siempre insisto en el hecho de que la educación es compartida. Los padres juegan un rol importante porque sino ¿cómo quedo yo?, como bien dice Aurora Basnuevo por la televisión”.

“Creo que en cierta medida los cubanos estamos conscientes de que tenemos mucha educación pero no cultura. La cultura va con uno desde que nacemos y hasta que morimos. Es lo que te permite ser caballeroso, amable, justo. Se puede ser ignorante pero educado. Mi abuela no sabía leer pero nos enseñó a tener cultura para respetar a los mayores, a hablar en voz baja, a perdir de favor. Sin duda, ellos eran mejores que nosotros”, dijo Clara, una contadora jubilada.

En ese sentido, una joven de 19 años y técnico medio en Economía agregó: “a los jóvenes nos echan la culpa de todo, pero yo he visto a personas mayores en cada talla. Además, nosotros no somos europeos, somos cubanos y caribeños, alegres y sí un poco gritones”.

“Es erróneo pensar que ciertas actitudes de los jóvenes estén justificadas. Mis padres me cuentan que cuando ellos estaban en la Universidad se divertían, paseaban, escuchaban trova, pero bueno quizás de una forma más respetuosa eso sí”, puntualizó por su parte Claudia una joven de 18 años que comenzó su primer año en la Universidad de la Habana.

Maritza, otra joven universitaria también acotó: “No se trata de buscar justificaciones, hay conductas sociales que están muy mal, todos y cada uno de nosotros debemos trabajar y luchar porque las cosas buenas permanezcan. Ese es nuestro mayor reto. Por supuesto, este complejo proceso que implica cambios radicales en la conducta, y forma de pensar del cubano, se debe hacer de forma inteligente, educando, involucrando a los medios de comunicación, la familia, la escuela, de forma que cada uno de nosotros sienta que es importante apostar por el cambio como único camino posible para salvar la Revolución y convertirnos en ese pueblo alegre, dicharachero, pero sobre todo muy educado”.

 

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