Máximo Gómez, El Generalísimo dominicano y cubano probado

Palma Soriano.

– Baní, región vecina y caribeña de la República Dominicana vio nacer a Máximo Gómez Báez, un 18 de noviembre de 1836, el mayor símbolo del internacionalismo de su época.

No tuvo tiempo para la educación y cultura de las aulas pero un fraile, su padrino, le inculcó el hábito de lectura, el amor al prójimo y el respeto a todos.

Basta leer sus cartas, sus proclamas, sus obras y en particular su diario de campaña, para tener una idea de la capacidad, la inteligencia y visión de futuro de Máximo Gómez.

Quienes solo recuerdan al Comandante llegado a Santiago de Cuba y radicado en una zona conocida como Datil, cerca de la oriental provincia cubana de Bayamo, al que conspiró y se sumó al reclamo de las campanas de La Demajagua, La Machetea de Pinos de Baire y la campana a Guantánamo, quedaron si saber quién era de verdad.

Los que recuerdan exclusivamente al estratega de la invasión a al hombre, padre, esposo, compañero y amigo, leal y servidor, internacionalista incondicional de la Revolución Cubana.

Federico Hernández y Carvajal definió a Gómez de esta manera: ¨ágil, elegante, galán mimado de las damas, hombre de baile, paseos, amores y amoríos¨. La vida nos enseñó también al Máximo Gómez de la campaña a La Villas y al sustituto de Agramonte en la provincia de Camagüey, más que machete y pólvora era ideología.

Al hombre dolido por la injusta destitución de Céspedes, el que juntó a Martí y Maceo en La Mejorana, al que sólo prefirió una frase cuando se decidió la ayuda del Ejército Libertador al desembarco al interventor yanqui: ¨Eso es cosa de cubanos¨. Dijo Gómez.

Quién sabe si ese sea el único reproche que alguien pudiera endilgarle. Máximo, El Generalísimo había ganado el derecho de cubano probado y oponerse, pero sus respetos, su humildad, modestia lo impedían.

Qué clase de legado ese matrimonio con Bernardo Toro. Manana, la esposa y compañera de mil combates, la amiga de Martí y Maceo, y sus hijos: Clemencia, ojos insomne de la Patria; Panchito caído junto a Maceo como fiel guardián; Máximo y Urbano.

Si se quiere conocer a Máximo Gómez Báez, el amigo de Palma y los palmeros, una frase lo que puede resumir después de tanto dolor y bregar, cuando Martí lo invita en Montecristi a la lucha: ¨Deme usted en que servirle¨, expresó. (Por: Carlos A. Simón Paisán).

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Publicado el noviembre 19, 2013 en Cuba, Historia y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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