Lo que perdía Cuba en la lista terrorista.

Javier Ortiz/Cubadebate

En los primeros días del llamado ‘deshielo’ entre Cuba y Estados Unidos, un periodista quiso averiguar qué tan lejos irían los cambios. Le hizo una pregunta muy interesante a quien parecía la persona más indicada para responderle. Pero Roberta Jacobson no supo qué contestar cuando le preguntaron si se levantarían las sanciones que impiden a Cuba acceder préstamos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

La subsecretaria de Estado para Asuntos el Hemisferio Occidental reconoció estar un poco perdida en la materia porque, hasta donde entendía, el país caribeño “no estaba prohibido de esos cuerpos de la ONU.”

Jacobson cometió una pequeña equivocación, solo explicable en una diplomática de su calibre por la extensión del programa de sanciones y restricciones aplicadas contra un país que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro define como el más sancionado por Estados Unidos.

Pero la prohibición a las instituciones financieras no tiene nada que ver con el clásico bloqueo impuesto desde 1961, sino con la ahora caduca designación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo, una medida aplicada desde el 1 de marzo de 1982.

Entre otras restricciones, la inclusión de Cuba en esa categoría obligaba a la administración de Barack Obama oponerse al otorgamiento de préstamos a Cuba por parte del Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales.

William LeoGrande, un académico especializado en los intentos de normalización La Habana-Washington, explicó a la NPR que “hay sanciones financieras que se conectan a permanecer en la lista de terrorismo, pero esas sanciones son en realidad menos estrictas que las sanciones que ya se enfrenta Cuba bajo el bloqueo de Estados Unidos, en ese sentido, las sanciones no desaparecen realmente.”

El caso más conocido era la imposibilidad de la Oficina de Intereses de Cuba en Estados Unidos de encontrar un banco que corriera el “riesgo” de asumir sus servicios financieros, por los costos que implicaba comprobar todas y cada una de las transacciones procedentes de la sede diplomática de un “país terrorista.”

Otra anécdota interesante sobre la Lista: durante el proceso de revisión, el Departamento de Estado norteamericano aceptó una curiosa garantía para comprobar el carácter no terrorista de Cuba. Un alto funcionario de la diplomacia estadounidense explicó a la prensa cómo “los cubanos nos han mostrado durante bastante tiempo muchos, muchos, muchos discursos de sus líderes, tanto Fidel como Raúl, en los cuales ellos rechazaban el terrorismo.”

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