Secretos de la caipirinha carioca

Secretos de la caipirinha carioca

Lídice Valenzuela/Cubahora

Una de las maneras más fáciles y divertidas de emborracharse en poco tiempo en Río de Janeiro es darle paso a la caipirinha, quizás en un bar de barrio, o en un restaurante de fama internacional. Una bebida que algunos califican de traicionera.

Seguro que los atletas participantes en los Juegos Olímpicos que tienen por sede Rio de Janeiro en estos días, se perderán la gustosa bebida, pero los simples mortales que andan por las calles de esa bellísima ciudad ya la habrán saboreado por primera vez. Y una gran mayoría lo harán como una tradición del buen bebedor.

Con su apariencia grácil y refrescante, la caipirinha le abre las puertas del cielo, pero también las del infierno, si olvida que en su vaso se concentra entre un 38 y un 51 por ciento de cachaza (aguardiente), la bebida más conocida de Brasil.

Al igual que ocurrió con la feijoada creada por los esclavos africanos que vivían en las haciendas de Río de Janeiro, la cachaza también surgió por necesidad de sobrevivencia de estos grupos humanos llegados de Angola y El Congo.

En época de la colonia, Brasil dependía en buena medida de la caña de azúcar, que solía hervirse para sacarle el jugo. El líquido dejaba como remanente una espuma que los negros comenzaron a beber para revitalizarse el cuerpo, luego de intensas jornadas al sol. Ahí nació la cachaza y el negocio que después emprendieron los esclavistas con esa deliciosa bebida.

Los africanos traídos a Brasil utilizaban también el licor para acompañar sus ritos ancestrales. Si tocaban el tambor, primero le rociaban con cachaza para complacer a los espíritus que el instrumento guardaba. Además, bañaban con ella a los recién nacidos para desinfectarlos y para que fueran ricos y felices.

Aún hoy, es común observar a personas que, a fuerza de la costumbre, o por práctica religiosa, derraman cachaza en el piso antes de tomársela, para complacer a sus santos.

Ningún estudio científico corrobora las virtudes afrodisíacas que algunos le atribuyen a la cachaza, pero sí consta en el libro Antropología Brasileña que el médico del Rey portugués Joao V afirmó en 1722 que “esta bebida disipa los flatos; consume las flemas; alienta los espíritus; vigora el corazón; anima la sangre y facilita la circulación”.

La cachaza pasó a formar parte de la historia brasileña, cuando los integrantes de los movimientos patrióticos brindaban con ella para celebrar las victorias durante la lucha por la independencia de Portugal. De ahí, que se le considere la bebida nacional.

También llamada pinga y blanquita, el aguardiente de caña es el ingrediente fundamental de la caipirinha, a la que se une el azúcar, limón y hielo picado.

No hay que confundir esta bebida típica de la nación suramericana con el mojito de Cuba. Una, utiliza aguardiente; el otro, ron; una, el limón en trozos; otro, el zumo de ese fruto. Los dos: riquísimos, en especial en la temporada veraniega, cuando las bebidas bajan por el esófago a una velocidad de relámpago.

La modernidad ha traído consigo variedades de caipirinha. Si usted prefiere tomar vodka en lugar de aguardiente es válido, solo que cambia su nombre por el de caipiroska, en una lengua portu-rusa, igual de deliciosa, servida en un vaso tradicional.

En Río funcionan bares especializados en caipirinha. La exclusividad de esas casas son las variantes que presentan del coctel. Muchos prefieren utilizar, en lugar del limón, frutas como la piña, el kiwi, la fresa o el maracuyá, u otras, pues Brasil posee una rica y variada gama de productos agrícolas.

Los tradicionales, en cambio, siguen aferrados a lo clásico, a la que se hace delante de sus ojos, con solo una medida aguzada por la continua preparación del camarero, con un movimiento peculiar de los ingredientes, y una sonrisa que el cliente agradece.

Por la facilidad de su preparación, la caipirinha también se consume de manera habitual en los hogares cariocas, en especial los fines de semana o si hay festejos familiares de por medio.

Una llamada de atención: dicen los bebedores de Río, esos que amanecen y se acuestan en una batucada de samba improvisada en cualquier esquina, que la caipirinha traiciona más que una mujer (siempre una mujer); que la mimas, la quieres y en cualquier momento te deja tumbado en el suelo, sin dinero, y con resaca. Entonces, ojo, por si acaso.

 

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Publicado el agosto 19, 2016 en Cultura, Curiosidades, Salud y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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