Archivos diarios: junio 14, 2017

Venezuela es asediada por la guerra mediática

Por HAYLÉ GABRIELA GÓMEZ PEÑA / CIUDAD CCS

La periodista Larissa Costas señaló que en el mundo es más conocido el presidente de la República, Nicolás Maduro, que el nombre del jefe del Estado Islámico gracias a la guerra mediática.

“Esto se debe a la cobertura mediática que se realiza a nivel internacional para desprestigiar a un Presidente legítimamente electo y lograr derrocarlo”, explicó durante el I Foro Internacional sobre Violencia y Operaciones Psicológicas en Venezuela, realizado en la Casa Amarilla en Caracas, sede de la Cancillería de Venezuela.

Costa denunció ante los psicólogos el desarrollo de una guerra no convencional para inocular el odio en una parte de la población. “Los linchamientos son justificados por algunos ciudadanos, esto es un hecho grave”, agregó.

Mostró videos y fotos donde se evidencian casos de personas asediadas y agredidas por la derecha.

Explicó que desde el 15 y hasta el 17 de mayo se evidenciaron casos de familiares de altos funcionarios del Estado cuyas direcciones fueron publicadas en redes sociales para que fueran hostigados ellos y sus familias.

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Convocan a elecciones generales en Cuba

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Por Cubadebate

El Consejo de Estado, conforme a lo establecido en la Constitución de la República y en la Ley No. 72 de 29 de octubre de 1992, «Ley Electoral», acordó convocar a los electores de la República a elecciones generales para elegir, respectivamente, a los delegados a las asambleas municipales, y a los delegados a las asambleas provinciales y diputados a la Asamblea Nacional, del Poder Popular.

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Antonio Maceo, el Titán que encarna a Cuba heroica

Nada fácil ha resultado este largo y azaroso camino. Ello ha sido posible, en primer lugar, gracias a la inmensa capacidad de resistencia y lucha de varias generaciones del noble y heroico pueblo cubano, verdadero protagonista de esta, su Revolución, que es el triunfo del mismo ideal de los mambises que en 1868, con Céspedes a la cabeza, iniciaron la guerra por la independencia del yugo español; de Maceo y Gómez, con quienes José Martí en 1895 retoma la gesta libertaria, truncada por la intervención norteamericana en 1898, que impidió la entrada a Santiago de Cuba del Ejército Libertador.

Por Ciro Bianchi Ross/Cubadebate

Decide el Mayor General Máximo Gómez, al frente de la División Cuba, invadir Guantánamo y recorre sus alrededores con el propósito de destruir la base económica del enemigo. Es el 12 de agosto de 1871 y resuelve atacar La Indiana, cafetal fortificado que se ubica a unos 27 kilómetros al sur suroeste de Sagua de Tánamo. El teniente coronel Antonio Maceo es uno de sus subordinados. Es el jefe de Operaciones de la tropa y manda el cuarto batallón de la División, mientras que la custodia del cafetal está a cargo de 40 efectivos de las escuadras de Guantánamo con el apoyo de unos 200 trabajadores y esclavos. A medida que avanza la guerra iniciada en 1868, los cafetales, al igual que los ingenios azucareros, van convirtiéndose en verdaderas fortalezas donde a la tropa regular se suma un cuerpo de soldados auxiliares que sostiene el dueño de la hacienda, además de  los mayorales, los maquinistas y los esclavos más fieles, equipados estos últimos, eso sí, con armas de inferior calidad.

Sirve el cafetal como campamento militar y como almacén de pertrechos de todo tipo para las tropas españolas. Es un lugar excelentemente protegido, eficaz contra el ataque de los insurrectos que carecen de artillería. Cuenta con torres de vigilancia y, entre una y otra, corre un terreno que se mantiene libre de maleza y que se ilumina de noche con grandes farolas alimentadas con lámparas de aceite de carbón que actúan como reflectores. Dispone además de una casa fuerte y de otras casas aspilleradas, barricadas y trincheras, fosos y alambradas. “Una verdadera colonia militar”, dice el periodista norteamericano James O’ Kelly en su reportaje La tierra del mambí.

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Che Guevara, versiones del héroe

Ernesto Guevara. Foto: Archivo.
Por Aynel Martínez Hernández/Cubadebate

El Che que decide subirse encima de la Norton 500 (o “La Poderosa II”) de Alberto Granado es, aún, el Che de las novelas de aprendizaje, del bildungsroman clásico donde el protagonista existe a partir de la dualidad sujeto-itinerario, como si la única forma de sobrevivir dependiera del desplazamiento perpetuo o del aura fugaz de las peregrinaciones.

“Poderosa” no caminó más allá de Chile. Escribe en sus Notas de Viaje: “plantó bandera la moto y perdimos todo el día esperando un alma caritativa, en forma de camión, que nos llevara hasta la cumbre”. A pesar de ello, ambos continúan, en procesión, por rutas inverosímiles. Pudo suceder, en aquel caso, que la autóctona condición hostil del viaje alcanzase a convertir en leyenda la épica probable. Podría suceder, incluso, todo lo contrario.

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Mi padre el Che: anécdotas de Aleida Guevara + Fotos

El Che junto a Aleidita y Camilo, el 24 de mayo de 1963. Foto: Cortesía del Centro de Estudios Ernesto Guevara.

Aleida Guevara tenía solo 7 años cuando murió su padre. Era apenas una niña cuando escuchó de su madre aquellas letras en las que el Che se despedía de sus hijos con un triste “si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre ustedes”, y aunque son muy pocos los recuerdos que guarda en su memoria, los escritos, las historias ajenas y los relatos de su madre, la han ayudado a reconstruir al Ernesto Che Guevara padre, al hombre capaz de combinar en su justa dimensión la ternura familiar con sus responsabilidades como revolucionario.

Con motivo del aniversario 89 del natalicio del guerrillero heroico, Cubadebate comparte algunas de las historias contadas por la hija mayor de Ernesto Che Guevara y Aleida March, como parte del documental “Ausencia presente”, del Centro de Estudios Che Guevara.

¿Por qué quiero a mi papá si no lo tuve casi nunca a mi lado?

Según narra el documental, esta interrogante llegó con fuerza a la cabeza de Aleida Guevara cuando tenía 16 años. Antes no había reparado en ello. Ocupó su asiento cuando él faltó, se arropó con la armazón de que no podía llorar su muerte porque a su padre no le hubiera gustado, y sin darse cuenta, la niña que no llegaba a 10 años ya sabía cómo el Che tomaba el agua, el café, el vino y lo sentía presente en la casa.

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