Archivos diarios: julio 25, 2017

Hora Cero, amenaza de sanciones: ¿toda la carne en el asador?

 

 Por Aram Aharonian

Estados Unidos (al menos su gobierno)  ha lanzado la Hora Cero, muy de película gringa. Ya no confía en los mandaderos locales: ha asumido la responsabilidad de la ofensiva de manera pública y ahora los gobiernos subordinados servirán sólo de amplificadores de las decisiones de Washington. La situación cambia: ya el gobierno no se enfrenta solo a la oposición venezolana: Trump se apuntó y quiere comandar la pelea.

El objetivo inmediato para el chavismo es llegar al 30, legitimar la Asamblea Nacional Constituyente con un alto porcentaje de participación -lo contrario agravaría el escenario-, evitar que se abran escenarios de destrozos masivos en las ciudades, ataques militares opositores, que la sociedad caiga en el enfrentamiento buscado por parte de la derecha. Se trata de un escenario complejo, donde es necesario inteligencia, unidad y organización del chavismo.

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Nuestra América y los pueblos del mundo con la #Venezuela Bolivariana

La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, condena la renovada injerencia del Gobierno de los Estados Unidos, presidido por Donald Trump, quien amenaza a la República Bolivariana de Venezuela, en una actitud que revela su prepotencia y agresividad sin límites, incompatibles con la legislación internacional que norma los vínculos entre los Estados y rechaza con firmeza la intromisión en los asuntos internos de otros países.

En vísperas de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, que se celebrarán el próximo 30 de julio, se ha intensificado una escalada de violencia para impedir este acto democrático y lesionar la participación y previsible victoria del pueblo bolivariano.

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Humanismo: Fase Superior de la Constituyente

 

Por Fernando Buen Abad

“Al pueblo sólo lo salva el pueblo” A menos que entremos en un trance de esquizofrenia aguda, es hora de poner en práctica todo el amor que oficialmente nos han enseñado a tener -en loas- por las constituciones políticas y por los pueblos que deciden, soberanamente, cómo gobernarse. Ese ha sido, una y otra vez, el discurso dominante, casi progre y casi dogmático -y siempre reverencial- con que se expiden los aparatos ideológicos dominantes cuando se trata de instituir formas del respeto social sobre las “máximas instituciones democráticas” que nos rigen. No hay mayor poder que el poder popular y soberano decidiendo su ser y su modo de ser social. La Constituyente es el pueblo salvando al pueblo. Con sus propias reglas y el mismo plan para un mundo sin amos ni esclavos. Un acto de amor. Garantía de Paz.

Y a no ser que todo hubiere sido palabrería demagógica burguesa, que nos refregaron sin clemencia, generación tras generación, hoy en Venezuela se abre una oportunidad única para poner en práctica ese respeto supremo imbuido a las democracias que han crecido (incluso) desigualmente bajo las alas desiguales del capitalismo. No hay lugar para las jugarretas de la doble moral que, acaso, quisiera respeto catedralicio para la democracia burguesa y quisiere toda forma de escarnio, agresión y ataque contra la constituyente en manos de los pueblos. No explicaremos aquí para qué sirve la ironía.

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