«Democracia capilar» (o un look afro de revista)

Por María Carla Figdomech

En el mundo de la moda hay tendencias. De una temporada a la otra cambian colecciones y modos de llevar… Se estiliza o se ensanchan los bajos del pantalón, se alargan o recortan las mangas, se eleva o se deja el ruedo a ras de cadera.

Así pasa con el cabello, que mantiene nuestro cerebro a una temperatura estable y lo resguarda del calor o del frío. Sin embargo, no es por su función que el cabello es tema de culto. Lo que lo distingue es que puede, como pocas partes de nuestro cuerpo, arruinarnos el día o salvarlo, darnos un aire gracioso y elegante o totalmente desgarbado; hacernos visibles dentro de una cueva, o anónimos incluso en medio de una plaza desierta.

¿Cuál es la mejor forma de llevar el cabello? ¿Cómo encontrar un largo, un color, una textura que nos haga lucir espectaculares? ¿Y cómo hacer para evitar la monotonía, para armonizar moda e identidad personal? ¿Arriesgarse al cambio o mantener la estabilidad? Estas preguntas siguen abiertas.

Además, hay tendencias que nacen de los gurúes del estilismo, las voces autorizadas. Lo que dicen Karl Lagerfeld o Kérastase influye más que el consejo de mis colegas. Pero, en la base de todo, hay que anteponer siempre la comodidad y la satisfacción de sentirse bien con uno mismo. Al fin y al cabo, no son más que opiniones. Lo que cuenta es interpretar la época que vivimos y saber colocarnos dentro de su panorama.

Eso ha sucedido con el look afro. La belleza asociada al canon occidental no aprecia el encanto de una larga (¡perdón, «alta»!) cabellera, llena de rizos –perceptibles o no– y siempre dúctil a las formas más caprichosas. Desrices, estiramientos, rulos… Media industria cosmética afanada en «domesticar» la naturaleza, emulando con dificultad lo que en otros viene naturalmente.

Pero hasta aquí es cuestión de gustos. El verdadero problema surge cuando el cabello afro es diana (no «blanco», aunque en esta isla mestiza cabe todo juego de palabras) de burlas y vergüenza o, por el contrario, obligación en defensa de una raíz cultural que a veces nos queda tan lejos como la europea.

Hace años me decidí por el look afro, pero he visto que esta categoría incluye miles de interpretaciones, cada una con sus atributos y virtudes… y sus cuidados. Aquí te incluyo solo algunos tips a tener en cuenta:

Hidrata y peina

El cabello rizado tiende a la resequedad. Todavía más el afro. Al ser muy poroso, incorpora con rapidez los tratamientos que se le aplican, pero no los retiene y pierde agua con facilidad.

Lávate el cabello regularmente y por partes, con champú suave sin alcohol y masajeando suavemente con la yema de los dedos.

Deja reposar unos minutos el acondicionador antes del aclarado. Selecciona uno rico en proteínas. Luego desenreda con los dedos y auxíliate con un peine de dientes anchos y separados. Si puedes darte el lujo, elige uno hecho en madera o hueso; absorben el frizz. No te peines en seco, sino con el cabello húmedo, con o sin crema desenredadora.

En cuanto al secado, hacerlo al aire libre es lo mejor. Si usas secadora, déjala en posición de frío y dosifica la potencia con una boquilla para no maltratar los crespos ni agregar volumen en exceso. Al natural es el quid.

 Nútrelo como al bebé de tus ojos

Aplícate una mascarilla capilar de aceite natural durante 30 minutos antes de lavarte. Argán, almendras, macadamia, oliva, coco, cacao, ricino, lavanda… Escoge entre la variedad de opciones que esté a tu alcance. Empavesa bien de la raíz a la punta, envuelve en una toalla o bolsa plástica para acelerar el efecto con calor y deja actuar. ¡No te apliques secador! Un poco de sol es suficiente.

Los nutrientes naturales también son excelentes aliados. Aguacate, yema de huevo, mayonesa, pulpa de pepino, sábila, miel, cebolla, ajo, yogur, enjuagues con vinagre y otras infusiones se emplean en distintas dosificaciones y con diferentes propósitos.

También la dieta y la calidad de vida cuentan. Beber agua abundante, ingerir alimentos ricos en vitaminas y proteínas te ayudarán a lucir tu afro espectacular. ¡Cautivarás miradas y suspiros a tu paso!

Evita los aceites minerales y siliconas fabricadas a partir de derivados de petróleo. Si bien al comienzo intensifican el brillo y suavidad, el sobreuso puede castigar las hebras, las reseca y las quiebra. Ojo con las tabletas hormonales para estimular el crecimiento; no te auto-mediques y consulta a especialistas.

 ¿Tintes y alisadores? ¡Muy pocos!

Para cambiar el look un día no necesitas una intervención radical. Claro que no se prohíben, pero vale aconsejarse con la frecuencia de tintes y alisantes, que terminan fatigando la hebra rizada.

Visita la peluquería y aplícate un tónico desrizante temporal, que se retira al lavar.

Para variar el tono, prueba un champú color o un enjuague con hojas de manzanilla o majagua (roja para oscurecer, amarilla para aclarar). Si teñirte es imprescindible, hazlo con peróxido de amonio de volumen bajo.

Fidelidad de por vida

Sé fiel a tu estilista, pues él o ella aprenden a conocer tu cabello como un profesor a su estudiante. Dale a cortar las puntas sistemáticamente y que te indique tratamientos especiales si quieres que crezca con más fuerza. ¡Alto, alto!

Aconséjate sobre pañuelos, cintas y peinetas para recoger y cubrir tu cabello. ¡Anímate! Tenemos un cabello que admite todo tipo de diseño. ¡Y duran todo el día!

Un último consejo

Elige el look que te haga sentir tú misma, que resalte tu identidad y marque la diferencia. Que tu imagen sea expresión de tus valores, tus intereses, tus inclinaciones. Tú eres la clave, el inicio y el fin.

Acerca de aucalatinoamericano

Auca en Cayo Hueso: Debates y reflexiones desde latinoamerica.

Publicado el enero 13, 2018 en Curiosidades, Sociedad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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