Otro Grito de Baire por Cuba

José Martí, de quien acabamos de conmemorar el aniversario 166 de su natalicio, en un trabajo publicado en Patria, el 1ro. de abril de 1893, escribió: “El cubano es independiente, moderado y altivo. Es su dueño y no quiere dueños. Quien pretenda ensillarlo, será sacudido”.

En esa simbólica frase está recogido el decurso de nuestra Nación. La bella y rica historia de un pueblo que ha luchado por su independencia y soberanía por más de 150 años y que ahora sintetiza sus anhelos y esperanzas en la nueva Constitución de la República, la que será sometida a referendo popular el venidero 24 de febrero.

La Constitución es la voz del pueblo, y esa voz altiva proclama en su Ley de Leyes el derecho a la dignidad plena del hombre y a una libertad ganada con mucha sangre y sacrificios que no puede ser olvidada y mucho menos mancillada.

No fue en balde la amplia y democrática discusión del proyecto constitucional, pues la sabiduría de los millones de constituyentes en que se convirtió el pueblo cubano dejó aún más diáfano y preciso el rumbo trazado desde el 1ro. de enero de 1959 y que el 16 de abril de 1961 fuera refrendado con los fusiles en alto al proclamar el rumbo socialista de la Revolución Cubana.

El propio Preámbulo —al exponer las motivaciones que anteceden a los 229 artículos del nuevo texto constitucional—, sintetiza los ideales patrióticos y de justicia social que nos han llevado hasta aquí y aquellos que nos deben conducir a un futuro de prosperidad y bienestar cada vez mayor. Sin hacer concesiones de principios, ni ceder ante chantajes y presiones de cualquier tipo.

No por gusto nos identificamos con el concepto de Revolución, expresado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 1ro. de mayo del año 2000, y también declaramos explícitamente la voluntad de que nuestra ley de leyes esté presidida por el anhelo, al fin logrado, del Apóstol José Martí, de que “la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Corren tiempos difíciles para las ideas más nobles y altruistas de los pueblos. La nueva Constitución pone nuestros principios de soberanía e independencia tan alto como las palmas para que en tal contexto de caos no exista confusión de índole alguna, ni evidencias de temor ante amenazas e intentos de chantaje de terceros.

“Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano”, reza de manera textual el Artículo 1, al tiempo que enfatiza en nuestra condición de “república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos (…)”.

Más explícita no puede ser esta afiliación de principios. Declaración que nos hace más fuertes e invencibles ante los enemigos internos y externos, pues, no solo dejamos bien claro lo que somos y hacia dónde vamos, sino, además, nos enorgullecemos de proclamarlo de manera abierta y consciente ante el mundo.

Una verdad desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército, nos enseñó el Maestro Martí. Al tiempo que otro apotegma suyo deja claro que las trincheras de ideas valían más que las de piedras. La nueva Constitución es ambas cosas a la vez. No solo refleja el hoy de la Cuba Socialista, soberana e independiente que somos, sino modela la Cuba del futuro, que es lo más importante.

Por eso, acudir de manera masiva a las urnas el domingo 24 de febrero y dar el Sí en el Referendo Constitucional rebasa el mero derecho al voto del que disfrutamos todos los cubanos. Se trata de salvar mediante ese acto cívico el proyecto unitario y soberano de Nación por el que han luchado y muerto tantas generaciones de cubanos que nos han antecedido.

Hacer valedera la nueva Constitución será darle voz al país. Ratificar en las urnas el valor supremo de la dignidad humana y así garantizar el goce irrenunciable, imprescriptible, indivisible, universal e interdependiente de los derechos humanos, en correspondencia con los principios de progresividad, igualdad y no discriminación.

Este 24 de febrero de 2019 será otro Grito de Baire. De nuevo, los cubanos saldremos, como aquel domingo de 1895, a luchar por nuestros derechos. Pero esta vez no será con el machete en la mano, sino con un arma más poderosa: la de la razón y la verdad, y de esa manera validar en las urnas el Sí por Cuba.

Desde CubaHora

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Publicado el febrero 21, 2019 en Cuba y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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