Sin mucho aspaviento, y casi sin ruido, el país ha iniciado el tránsito hacia la conformación de un Estado más pequeño y moderno, listo para responder con agilidad a las demandas de los ciudadanos.

El más reciente período de sesiones de la Asamblea Nacional, permitió captar la estrecha relación entre el legislativo y el ejecutivo. Ambas ramas de gobierno están actuando como un todo, no solo porque se hayan aprobado las tres primeras leyes que complementan a la nueva Constitución, sino porque están tocando los problemas con las manos y escuchando la voz del pueblo, al mejor estilo de Fidel Y Raúl.

El Consejo de Ministros ha estado en las calles junto al presidente, y los diputados tampoco se han quedado atrás, todos en un febril ejercicio de reconocimiento de los escollos y sobre todo de hallar soluciones locales a cada dificultad a pesar de las estrecheces.

Pedazo a pedazo

El presidente Díaz-Canel ha reiterado la idea de ir arrancando pedazos a los problemas, una estrategia que permite romper una malsana inercia social. Y es que en las condiciones actuales del país es iluso pensar que todo se va a resolver de golpe, porque a nuestras ineficiencias, al burocratismo, la insensibilidad y la desidia, se une el arreciado acoso de Estados Unidos, una mezcla que complica la cotidianidad de manera evidente.

Por eso, es necesario apelar a fórmulas olvidadas que cumplieron antes su función, cuando la noche era más oscura, y sobre todo que los funcionarios interioricen su rol como servidores públicos con toda la responsabilidad que eso implica.

Como nación que carga con siglo y medio de lucha, estamos transitando un camino nuevo que nos permite pisar el acelerador en la construcción de la Patria soñada.