Cuba en el mundial de atletismo: Aplausos y reflexiones

Terminó uno de los campeonatos mundiales de mayor nivel en la historia del atletismo. Dos récords del orbe, varias marcas entre las mejores de todos los tiempos, rivalidades exacerbadas y consolidación de nuevas estrellas, representan algunos de los saldos más positivos vistos en Doha.

En medio de ese panorama, Cuba estuvo en la ciudad catarí con su delegación más pequeña desde 1983, y con ella cosechó triunfos, esperanzas y también sinsabores.

Luego de diez jornadas, la Mayor de Las Antillas concluyó en el puesto doce tanto en la tabla de medallas como en el ranking por puntos. Una presea de cada color y otros tres atletas ubicados entre los ocho primeros garantizaron mejorar los lugares de hace dos años en Londres. El resultado es alentador, aunque ahora llegaron tres atletas menos a finales.

En Doha las medallas de oro y plata conseguidas en el lanzamiento del disco para damas representan no solo la mejor actuación para Cuba, sino una de las más significativas del torneo y de la historia del atletismo antillano. Solo potencias como Estados Unidos, Etiopía, Kenya y China lograron el un-dos al menos en una ocasión. En 36 años, por tercera vez el deporte rey cubano alcanza un resultado similar.

Sobre las discóbolas hay poco que decir, más allá de elogiar su nivel. Como habitualmente se les pide a los atletas de élite, ambas llegaron a la competencia de mayor rigor y tuvieron una de sus mejores presentaciones del año. Yaimé Pérez (69.17m) firmó no solo el segundo envío más largo de su temporada, sino también el tercero de toda su carrera. A su vez, Denia Caballero (68.44m) salió con la cuarta marca para ella de este 2019.

Por su parte, si bien Juan Miguel Echeverría (8.34m) no logró acercarse a su registro del año y concretar su etiqueta de favorito, su bronce en el salto largo devuelve a Cuba a la élite de una especialidad histórica y lo reafirma como candidato al título olímpico. Desde Edmonton 2001 ningún saltador criollo subía a un podio en mundiales al aire libre, y solo ese dato ya representa una ganancia.

No obstante, el principal problema del criollo no estuvo en ceder ante el jamaicano Tajay Gayle (8.69m) —ahora el décimo saltador de la historia—, sino en competir mejor en la fase de clasificación que en la final, y sobre todo en no separarse en esa instancia de sus desempeños habituales de la campaña.

Echeverría demostró estabilidad, pero le faltó el extra en el momento justo, exactamente lo conseguido por Gayle y por el medallista de plata Jeff Henderson (8.39m).

En el caso de nuestros otros finalistas —tres jóvenes prospectos del salto triple y el alto—, la confirmación de sus progresos fue el argumento común. Para el triplista Cristian Nápoles (17.38m) este significó su segundo mundial consecutivo entre los ocho mejores, y para Luis Zayas (2.30m) Doha le sirvió para demostrar que ya es una realidad en el salto alto cubano.

Cristian Nápoles estuvo en su segunda final consecutiva. Foto: Matthias Hangst/Getty Images.

Mientras, el jovencito Jordan Díaz (17.08m) recalcó que, aun con solo dos competencias antes de llegar a su primer mundial de mayores, los éxitos en las categorías sub 18 y sub 20 no representan sucesos aislados. En el caso de los dos primeros, fueron los únicos capaces de lograr sus mejores registros históricos en Doha, ambos para ubicarse en excelentes quintos lugares.

Junto a ellos, la cuatrocentista Roxana Gómez (51.56s) y el relevo largo para damas (3:29.84) también firmaron sus marcas cumbres del año y tuvieron actuaciones acorde a lo esperado. La vallista larga Zurian Hechavarría (55.03s) casi se suma a esa lista y quedó a solo tres centésimas de su registro histórico.

La pertiguista Yarisley Silva merece un punto aparte. La titular mundial de 2015 compitió cercana a sus resultados de la actual campaña, pero no pudo incluirse entre las ocho mejores en una prueba de gran nivel.

De hecho, con su registro de 4.70m no se hubiera quedado fuera en ninguna de las finales previas. Para ella, con su historia de tres preseas mundiales y una olímpica, el reto está en llegar a Tokio en condiciones de mejorar este rendimiento.

Todos esos detalles ponen sobre la mesa uno de los puntos esenciales a la hora de valorar la actuación de nuestro atletismo en Catar. De las 18 participaciones de Cuba, solo en cuatro de ellas fue posible mejorar las marcas del año, apenas un 22% demasiado bajo como para aspirar a ubicaciones superiores. Pero eso no es todo.

La tabla que acompaña este texto muestra una comparación entre las actuaciones logradas por nuestros atletas en Doha y sus marcas del año, pero también respecto a sus rendimientos promedio en todo el 2019.

Lógicamente no se cuentan los registros marcados con cronometraje manual o los saltos conseguidos con exceso de viento a favor. Un vistazo rápido muestra que el 44% de nuestra delegación ni siquiera superó la media de las marcas que habitualmente tuvieron durante la temporada.

Liadagmis Povea protagonizó la mayor sorpresa negativa y quedó por debajo en su segundo mundial consecutivo. Foto: Sam Barnes/Getty Images.

Así, los 16.41m de Andy Díaz fueron su segundo peor desempeño del año, mientras los 14.08m de Liadagmis Povea, los 60.60m de Jorge Fernández y los 14.37m de Roger Iribarne, representaron las actuaciones más discretas para ellos en más de una decena de salidas.

Aunque el deporte no es una ciencia exacta ni los resultados dependen únicamente de las estadísticas, esos datos hablan a las claras del valor de una correcta planificación del entrenamiento. Mucho más en un año donde las dos principales competencias estuvieron distanciadas casi dos meses entre sí.

Aunque sería el escenario ideal, no se trata de exigir el logro absoluto de las mejores marcas el día y la hora exacta de la discusión de medallas, pero al menos sí de tener actuaciones por encima de los rendimientos medios vistos durante la etapa de preparación.

Junto a ello, tener una buen desempeño no depende exclusivamente de poseer buenas condiciones físicas o una técnica depurada. Implica también saber conjugar esos elementos o incluso corregirlos cuando algo va mal, y en algunos de nuestros atletas esa se evidenció como una asignatura pendiente.

No obstante, más allá de medallas y finalistas, otras notas a no pasar por alto llegan con el lugar 12º de Roxana Gómez y el 9º de Zurian Hechavarría, dos mujeres en desarrollo pero que ya muestran el fruto de su ascenso.

Aun cuando no coparon titulares, el rendimiento de la primera significa la mejor ubicación para una cuatrocentista cubana en campeonatos mundiales. Asimismo, el desempeño de la segunda es lo máximo de una vallista larga desde que Daimí Pernía consiguió bronce en Edmonton 2001.

Por el lado contrario, junto a ese análisis también vale la pena mirar los espacios perdidos por el atletismo nacional. Por ejemplo, por vez primera desde 1997 asistimos a un torneo del orbe sin al menos una representante en la impulsión de la bala. De igual manera, por segundo mundial en la historia no tenemos una martillista, y por cuarta ocasión llegamos sin una especialista en la jabalina.

En sentido general, hacía 22 años que Cuba no concurría a una cita planetaria con presencia únicamente en un evento de los lanzamientos femeninos, el segundo grupo de pruebas que más preseas aportan para el atletismo nacional, solo por detrás de los saltos entre los hombres.

Esas deudas propiciaron que ahora el acceso a finales solo estuviera en cuatro disciplinas, demasiado pocas para el país ocupante del décimo puesto en el medallero histórico y con al menos una presea en cada versión mundialista.

Doha fue un mundial acorde a las posibilidades actuales del atletismo cubano y demostró dónde radican sus fortalezas y debilidades, pero no conformarse es la clave. Trabajar para mantener los avances vistos aquí, para sumar nuevas opciones en el futuro y sobre todo para recuperar el espacio perdido en pruebas tradicionales del campo y pista antillano, resultan esenciales para los próximos meses.

Tokio 2020 ya se vislumbra en el horizonte. Conseguir allí buenos resultados implica también fortalecer el trabajo con la ciencia y la tecnología durante la preparación y conseguir una evolución de las figuras más jóvenes del equipo nacional. Es la única manera de llegar a la capital de Japón con opciones reales de mantener a nuestro deporte rey con al menos una corona.

La última columna representa los registros promedios de cada atleta en la campaña. Fuente: Archivo personal.

Por Cubadebate

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Publicado el octubre 7, 2019 en Deporte y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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