Ecuador: el «Pichincha» que observa

 Protestas en Ecuador contra medidas económicas anunciadas por Moreno.

El Pichincha observa. Hay sangre en las calles de Quito. Civiles y policías son las víctimas. Una vez más el neoliberalismo es la causa.

Allí, en pleno centro del mundo, un volcán se ha convertido en parte del patrimonio de los ecuatorianos: el guagua Pichincha, o simplemente Pichincha, cuya historia recoge una leyenda popular sobre la rivalidad de dos guerreros andinos, los volcanes Cotopaxi y Chimborazo, que pelearon durante años con erupciones constantes para poseer a la bellaTungurahua.

En la lucha, que duró varios siglos, salió vencedor el guerrero Chimborazo, que ganó el amor de la princesa y de su unión nació el Guagua Pichincha (hijo, niño en Quinchua).

Según los nativos, esa sería la explicación por la que tras cientos de años de tranquilidad, los dos volcanes entraran en erupción al mismo tiempo.

Desde las alturas cercanas a Quito, la capital ecuatoriana, el Pichincha parece custodiar a una nación que, durante las últimas décadas, se ha visto sacudida por otros movimientos que han dejado heridas que se pensaron ya sanadas en los años de gobierno de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa, pero que han vuelto a ocupar la agenda neoliberal que, como una enfermedad letal, se expande por muchos países.

En días recientes, una población cansada de promesas neoliberales se ha lanzado a la calle para exigir que se ponga fin a las llamadas reformas implementadas por el presidente Lenín Moreno, y que suman más penuria e inseguridad social.

Tras la actuación policial y los enfrentamientos que dejaron varios heridos y cientos de detenidos, el mandatario declaró que no negociará ni dará marcha atrás con las medidas de poner fin al subsidio del precio del combustible, detonante de las manifestaciones.

El mensaje de Moreno tuvo –a pesar del crítico momento– una gran dosis de improvisación. Se refirió a que estaba dando el frente a la situación del país que recibió a la corrupción, y a los demás problemas sociales de «aquella época».

Se refería, ni más ni menos, a los años de gobierno de Rafael Correa, y parecía olvidar que él fue el vicepresidente de entonces, cuando los ecuatorianos fueron beneficiados por un gran programa social y, fundamentalmente,cuando Correa se propuso recobrar la dignidad del país, la necesaria unión de la región, el fomento de instituciones progresistas y éticas para defender a los pueblos, y reivindicó con todas sus fuerzas la soberanía de la nación andina.

Moreno, en sus declaraciones la víspera, parecía alguien que formaba parte de la oposición durante los gobiernos de la Revolución Ciudadana.

Igualmente cedió ante las reformas exigidas por el FMI, organismo al que le solicitó un crédito por 4 209 millones de dólares.

Han quedado atrás –gracias al actual Presidente– los años en que se denunció internacionalmente a la compañía petrolera estadounidense Chevron, por el derramamiento de más de 80 000 toneladas de residuos petrolíferos en la zona de Lago Agrio, en la región del Amazonas ecuatoriano. La contaminación abarcó unas 500 000 hectáreas aproximadamente.

La Justicia ecuatoriana determinó en 2011 que Chevron debía pagar unos 500 millones de dólares a los habitantes de la región contaminada. La petrolera estadounidense se negó al pago y el gobierno de Rafael Correa acudió al Tribunal Arbitral de La Haya que, como se suponía, no sancionó a la Chevron.

Al conocerse tan espuria decisión, el exmandatario escribió en su cuenta Twitter: «Es claro que estos traidores ya pactaron con esta empresa corrupta y corruptora».

En otro tuit señaló: «Es evidente que Chevron es culpable, y que destruyó nuestra selva. Solo un orden mundial inmoral, y un Gobierno traidor, pueden dejarla en la impunidad».

Lo lamentable, en realidad, es que ello suceda bajo un gobierno que supuestamente daría continuidad a la gran obra emprendida durante los diez años de la Revolución ciudadana. Pero que, una vez alcanzada la cima, no tardó ni un día para comenzar a revertir todo lo que se había avanzado y, en primer lugar, tratar de difamar a Rafael Correa, querer encarcelarlo –como se hizo en Brasil con Lula–, además de sacar de su embajada en Londres y entregar a las autoridades de ese país a Julian Assange, periodista y programador australiano, naturalizado ecuatoriano, fundador del sitio web WikiLeaks.

Salirse de Unasur, renunciar al ALBA, entre otras, son acciones que identifican al actual Gobierno de Ecuador.

Mientras, desde la cima montañosa cercana a Quito, el volcán Pichincha sigue observando cuánto sufre el pueblo ecuatoriano, llevado a una etapa de retroceso político y social, que se pensó eran heridas ya sanadas…, pero que ahora sangran.

Del Editorial Granma

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