Se nos fue Juan Padrón, se eternizan Elpidio y los demás (+ Video)

elpidio valdez

No serán pocos los que al conocer la noticia retrocederán en el tiempo para verse de niños, o acompañando a sus hijos, en una de aquellas tandas cinematográficas dominadas por Elpidio Valdés y sus alegres acompañantes: este martes se nos fue Juan Padrón a los 73 años de edad, tras dejar una galería de historietas y personajes a los que supo insuflarle un extra de calidad artística, reconocida dentro y fuera de su tierra.

Modestia y cubanía lo caracterizaron a lo largo de una carrera que derrochó talento e imaginación, y que comenzó en el semanario Mella, en 1963. Distintas publicaciones humorísticas recogerían su obra, en la que no tardó en aparecer la serie Vampiros, que tiempo más tarde, llevada al cine, adquiriría una dimensión internacional.

 El año 1970 marca el nacimiento, en la revista Pionero, de Elpidio Valdés, nuestro héroe más querido y símbolo, en clave humorística, de la lucha contra el colonialismo español durante la Guerra de Independencia. Una galería de personajes que pasarían a la vida cotidiana con su significación simbólica (María Silvia, el general Resoples, el caballo Palmiche…) y que pondría a jugar a los niños del país con cargas al machete llevadas a cabo utilizando cuanto palo apareciera, y referencias a frases que todavía pueden recordarse: «¡Eso habría que verlo, compay!». «No se preocupe, Generá, que los vamos a hacé puré de talco». «Tráiganme clavo, puntilla, mi rifle tira cualquier cosa». «La suya, por si acaso, míster».

 Su filme Vampiros en La Habana (1985) fue todo un acontecimiento, por cuanto fue capaz de aunar humor y política en una historia que se disfrutaba en medio de un mar de risas; sátira anticapitalista ambientada en medio de la corrupción de los años 20 y que enfrentaba a vampiros cubanos, estadounidenses y europeos. Un éxito que hizo regresar a Padrón con Más vampiros en La Habana.

 Filminutos, Quinoscopios, Mafalda –junto a Quino–, caricaturista, creador de historietas, cineasta, Juan Padrón se movió como un grande en todas las esferas, lo que le valió numerosos galardones y reconocimientos, como el Premio Nacional de Cine, en 2008.

 Tuvo, como pocos, el don de la sorpresa, pues cuando se pensaba que su capacidad artística estaba exprimida hasta el tuétano, volvía a aparecerse con nuevos aportes. Hasta que se enfermó y ya todo fue diferente. No se exagera entonces cuando se afirma que el país lo despide con una deuda de gratitud, que pagará cada vez que se encuentre con uno de sus personajes y, como si se tratara del propio Juan Padrón, le sonría y lo recuerde.

Del Editorial Granma

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