Este virus no es un juego, advierte joven cubana

Centro de aislamiento de Matanzas

«Este virus no es un juego», atina a decirnos Aristeydis, quien fue diagnosticada positiva a la COVID-19 el pasado martes.

«El virus ya está en Cuba y no todas las personas van a reaccionar asintomáticos como nosotros. Algunos podrían complicarse y hasta morir. Eso no es mentira ni es para echarles miedo», reflexiona esta joven cardenense, quien se encuentra hospitalizada en el Hospital Clínico Quirúrgico Docente Mario Muñoz Monroy, convertido en Centro de aislamiento para casos sospechosos y confirmados de la COVID-19 procedentes de Cienfuegos y Matanzas.

«Yo trabajo como camarera de habitaciones en el hotel Memories Varadero, atendiendo a todo tipo de clientes, sin importar qué puedan tener. Ese era el temor que me acompañaba apenas sentí rumorores sobre el nuevo virus. Enseguida solicité vacaciones para precaver y proteger a mi familia, porque en casa tenemos niños y personas mayores, que son más propensos a adquirir la enfermedad», expresa.

— ¿Crees que haya percepción de riesgo en la población?

— Quisiera decirles a quienes no han concientizado la crudeza de esta enfermedad que se cuiden mucho, pues aunque los cubanos positivos no hemos reaccionado hasta ahora como en otras naciones, eso no quiere decir que no sea grave: Es algo nuevo que enfrentamos y el sistema inmunológico de cada persona no es igual, no todos reaccionamos igual.

«Mi novio ya había dado positivo y por tener contacto directo con él yo me imaginé o sabía que lo tenía, aunque no me sentía mal. Para mis adentros me decía que sería un milagro si las pruebas daban negativas.

«Cuando me dieron la noticia, lo primero que me vino a la mente fue mi familia, aunque me pasaron millones de otras cosas malas por la cabeza, como que me complicaría o se lo iba a pegar a mi hermano y mis abuelos.

«Toda mi familia fue aislada y ahora tengo a mi lado a mi madrastra y en otra sala a mi papá, ambos positivos, con quienes, aunque sea desde lejos, nos comunicamos a través de una ventana. Al dar negativos, el martes les dieron el alta a mi hermano de 16 años y mi hermana de seis. Los médicos son muy atentos y consagrados, viven arriba de los pacientes, preguntándoles constantemente cómo se sienten.

«Cuando salga no seré la misma… Creo que me limitaré de hacer muchas cosas y cumpliré estricta las medidas sanitarias en el trabajo para evitar volver a contagiarme con un virus como este.

«Yo era de esas personas que no le daba mucha importancia a las epidemias, de las que decía que, de todas maneras, si me va a tocar, me tocará, hable con quien hable… Ahora me arrepiento y les digo a todos que escuchen y tomen las medidas que informan los medios de prensa, porque es muy duro saber que tienes el virus y se lo pudiste pegar a un hermano o a un anciano, que hasta pueden correr el riesgo de fallecer por problemas respiratorios», reflexiona.

«A todos los que piensan que no se van a contagiar les digo que no sean ingenuos, porque les puede pasar como a mí. Les recomiendo que se queden tranquilos en sus casas porque el riesgo existe. Yo fui infectada y a la vez comprometí a mis seres queridos que ahora están en cuarentena, aunque estén asintomáticos, por eso considero que la gran lección es extremar las medidas sanitarias y no salir a la calle sin un motivo verdadero», nos dice esta joven cardenense.

Cifras de aliento 

El doctor Renier García Ibáñez, residente en Medicina Interna, quien labora en la zona roja destinada a los positivos, dio a conocer que hasta este jueves se atienden en este centro ocho pacientes positivos al Sars Cov-2, la mayoría jóvenes y asintomáticos.

«Todos están estables. Tres de ellos en el noveno día del inicio de los síntomas y el resto entre cuatro y cinco días. Ahora están sin fiebre, sin tos ni complicaciones. A los dos primeros pacientes confirmados tendremos la dicha de darles pronto el alta.

«El segundo grupo de médicos entrará el 2 de abril y nosotros pasaremos a una cuarentena de catorce días, que es el tiempo de incubación del virus. Mantengo comunicación constante vía telefónica con mi familia y amigos, y mi esposa está en la zona amarilla aquí en el hospital. No nos podemos ver, pero ambos sabemos que es esta es una misión importante para cortar la transmisión y salvar a cientos de personas.

«Sería bueno que se concientizara entre la población la necesidad de aislarse en las casas. Le decimos a la gente que no por estar afuera tienen menos riesgos que nosotros, por lo tanto hay que extremar aún más las medidas», recalca.

En Juventud Rebelde

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