Convergencias operativas en el manual mercenario de Estados Unidos

Disparos en la embajada de Cuba en Estados Unidos

Las acusaciones fabricadas en Washington contra Cuba y Venezuela van en paralelo y las entrecruzan a conveniencia para crear casos que justifiquen acciones, sanciones, agresiones, invasiones. Mayo entro con escenas que podrían catalogarse de parodias de otros hechos antecedentes, si no fueran prolongación de un guion sucio, escrito a dos manos, seguramente por la CIA y el Departamento de Estado para recuperar lo perdido por sus intereses en América Latina y el Caribe.

No me hablen de casualidades. Todo concuerda. En abril las circunstancias no son halagüeñas para el residente en la gran mansión ejecutiva en la Avenida Pensilvania de Washington. Una pandemia lo está dejando en mala posición, bueno, exactamente avanza aceleradamente hacia el puesto número uno, ese que tanto quiere, pero no en esta circunstancia, pues se trata de casos contagiados con la Covid-19 y la cifra de decesos. Se van acercando las elecciones y hasta un debate sobre si podrán realizarse o no, y los resultados de las encuestas van modificando lo que parecía una arrolladora victoria trumpiana. Ahora hay interrogantes…

En más de un  terreno de las  relaciones —y de las guerras— hay informaciones que pudieran desviar la atención del SARS-CoV-2. Por ejemplo, se inundaron los medios con la falsa acusación de narco-estado contra Venezuela y la  supuesta complicidad de Cuba. El secretario de Estado, Mike Pompeo, al frente de esa línea de mensaje,  alternado con el disco rayado de «médicos esclavizados». Su subordinada en Cuba lo retuitea…

Grandes medios estadounidenses citan a funcionarios anónimos, ya sean de la «diploma-CIA» o del Pentágono, pero no hay pruebas de nada. Sin embargo, llegan ahora, casi de la mano, el «enfermo mental de mercenarismo» que disparo 32 proyectiles de AK47 contra la embajada de Cuba en Washington, intentando herir a Martí y ultrajando la bandera del Maestro con una execrable  pintada de «Trump 2020», y los otros legionarios asalariados —dos yanquis de la CIA incluidos—, que fueron apresados por pueblo miliciano y las fuerzas bolivarianas en Macuto, zona de La Guaira venezolana, donde la «Operación Negro Primero» le corto las patas a la «Operación Gedeón» (Gedeón en hebreo significa «Destructor» o «Guerrero poderoso»).

Trump, experto en lavarse las manos, ha dicho que la Casa Blanca no tiene nadas que ver con lo de Venezuela, aunque sobran pruebas de la confabulación estadounidense-oposición venezolana. Del ataque contra el territorio y los símbolos cubanos, ni una palabra, y mi abuela sentenciaría: «el que calla otorga». De las calumnias han pasado a hechos de terrorismo y guerra altamente peligrosos, que unen a bloqueos y sanciones que han ocasionado muchos daños económicos y humanitarios a los pueblos hermanos y violan sus derechos humanos de manera intensificada cuando la pandemia del coronavirus está presente.

No olvidemos que el 15 de abril de 2019, en la Universidad de Texas, Pompeo afirmó entre risas y aplausos tal y como quedo registrado en el video grabado, aunque no aparezca en la transcripción oficial: «Yo era director de la CIA (Agencia Central de Inteligencia). Mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento».

De injerencia colonizadora ha calificado el Presidente cubano, Miguel Diaz-Canel Bermúdez, las maniobras de asfixia de Washington y sus agencias y de los brazos ejecutores de la guerra no convencional que ahora tomo festinadamente las armas para tratar inútilmente de  producir, tanto en Cuba como en Venezuela, un «cambio de régimen».

Su fallida apelación a un terrorismo extremadamente violento pretenden encubrirlo ahora mediáticamente presentando al atacante de la embajada cubana, fulano, como un enfermo mental, (versión actualizada de aquellos «cocineros» de hace 59 años fracasados en Bahía de Cochinos, es decir en las gloriosas arenas de Playa Girón), y ya están hablando los «embarcados» de Macuto.

Los datos ciertos de la involucración casablanquina —para no decir guerra mercenaria Made in USA—, que tarde o temprano irán apareciendo, pondrán en ridículo la manipulación que desde los medios de comunicación y las cuentas fake en las redes sociales cumplen su papel de tratar de también lavarle la cara a Trump y su gente.

Ese mandatario que con empecinamiento, y ahora de manera oportunista por el entorno de la COVID-19, mantiene la intromisión y pretende desconocer que tanto la Cuba martiana y fidelista, como la Venezuela bolivariana y chavista, no tienen punto de retorno.

En Juventud Rebelde

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