Contra la virulencia de los pixeles

Por Patricia Pérez Pérez

La era de internet ha forjado una arena en constante evolución donde la ética, el civismo y los códigos universales del honor se enfrentan a los intereses más bajos de una masa informe, carente de principios y valores, que se disuelven en el plástico, la tóxica pixelización y el anonimato. Tratándose de la guerra mediática de Estados Unidos en contra de Cuba, cuyas estrategias se han modificado con las dos últimas administraciones de la Casa Blanca, cualquier bufón con turbante, pulsera y cascabel, sacado del hampa cervantina de Rinconete y Cortadillo, sienta bien para equilibrar o sustituir, según sea el caso, a los blogueros devenidos propietarios de medios, los malos artistas y los “laboratorios de ideas” sutilmente influenciados y hasta financiados por B. Obama, y sumar ahora, con título de marioneta pública a la continuidad de la farsa, la parada esperpéntica y el lenguaje soez de los embustes.

En publicaciones en Facebook o Twitter, transmitiendo en directo sus programas en YouTube o Telegram o produciendo sus podcasts, los nuevos influencers se ajustan a los intereses de los políticos estadounidenses y de la ultraderecha miamense, a la emigración cubana más violenta o a los anexionistas confesos o disimulados, armando a diario, cual Retablo de las de maravillas, su campeonato de falsas noticias, de verdades manipuladas, elaboradas siempre con el constante desprestigio contra hombres y mujeres que defienden su patria con decoro.

Esa pléyade caracterizada por su pobreza cultural, por su moral dudosa y su actual tendencia al terrorismo (Alexander Otaola, el aspirante a presidente Eliécer Avila, Ultrak, la aguerrida percutiente de cazuelas Susana Pérez y su hijo, entre otros) es solo la punta descamada del iceberg de una mafia anticubana cuyas ansias de empoderamiento, inveterado egoísmo y afán de lucro, la han convertido en aliada incondicional y sin escrúpulos de un gobierno que cobra caro a sus contribuyentes la agresiva política exterior que perpetúa impunemente desde hace más de un siglo contra un país soberano : Cuba.

La vitrina donde arman sus tinglados estos ponzoñosos personajes, con risibles marañas orquestadas para seducir al imperio que los financia, son esencialmente los canales de Youtube y las redes sociales. Extienden su mancha infame y nada ingenua en los medios de comunicación masiva habituales y en las conciencias más vulnerables plagadas por el escaso conocimiento político, compran vistas y seguidores a sus anchas, se inventan un quórum con cuentas falsas, poseen vigorosos estudios y medios interactivos que la televisión envidiaría y pagan consecuentemente las manos invisibles que activan teclas para denigrar a Cuba, vociferando en silencio delante de una pantalla. Basta con observar su agresividad en las redes, en los chats de programas cubanos que, como la Mesa Redonda o el Noticiero de Televisión, salen al aire también por internet y donde abundan las amenazas oprobiosas a los seguidores y la instigación a cualquier participante o periodista cubano que se respete.

Pero ese arsenal mediático, ese derroche de artilugios tecnológicos para corroer la opinión pública dentro y fuera de nuestro territorio, contrasta sobremanera con la futilidad de sus mentiras, con la facilidad con que pueden desmontarse sus falsedades, con la repugnancia que provocan sus mensajes destiladores de vulgaridad y odio, sus linchamientos mediáticos y por encima de todo, con el poco alcance que tienen en el seno de la nación cubana y entre los jóvenes –a quienes esencialmente dirigen sus programas–, por su emblemática antipatía y su verborrea calumniosa. Esto último se pudo comprobar con la reciente ridiculización de algunos de ellos al convocar marchas de fantasmas en varios sitios de Cuba o con la descarga de huevos que les propinaron en Miami en una supuesta caravana « por el orden », en pleno contexto de protestas por la muerte de George Floyd. Igual revés se llevaron en su defensa infundada del mártir a sueldo Ariel Ruiz Urquiola, cuya ilegítima intervención en la ONU no aglutinó más que a su propia derrota.

La lancinante proyección de falacias preconstruidas por estos vasallos de Donald Trump y de su política genocida, constituyen sin embargo un terreno fértil para fomentar la violencia y el terrorismo en contra nuestra nación. Los nuevos planes que se preparan en contra de Cuba con una supuesta « operación retorno », impulsada por sujetos vandálicos, exaltadores de la delincuencia y que no vale la pena mencionar por su poca relevancia, están siendo impunemente comunicados por estos medios y siguen quedando sin una respuesta lógica y justa de las plataformas tecnológicas que los acogen o del gobierno estadounidense que los abriga, en total sincronía con la actitud ante el caso aun sin respuesta del ataque premeditado a nuestra embajada en ese país, cuyo responsable, identificado como Alexander Alazo y en estrecha relación con estos youtubers, sigue aun sin ser condenado, violándose así flagrantemente las obligaciones establecidas por la Convención de Viena. Estos son los mismos grupúsculos que el presidente Donald Trump, más interesado en ganar las elecciones del 3 noviembre que en salvar a su pueblo de la pandemia, fue a visitar este viernes 10 de julio en Miami, prometiéndoles abiertamente “no defraudar” al incrementar sus acciones en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua y evitar que Estados Unidos caiga en el “socialismo”.

Esta guerra encarnizada, representativa de la facción que la produce, tiene sin embargo su contraparte, la cual hace resonar en el actual contexto y a más de un siglo de distancia, las palabras de nuestro José Martí :

« A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispensarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan”. (Patria, 1892)

Múltiples son también las emisiones que en Youtube desmontan las artimañas de estos lacayos fascistoides, incapaces de conciliar ética y política y cuyas mentiras a sueldo adolecen de tener « patas cortas ». Resalta entre ellas la emisión La Tarde se mueve, producida desde Miami, y a riesgo de su propia integridad por Edmundo García, comunicador avezado e infalible de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, la cual solo cuenta con el apoyo financiero de sus seguidores. Igualmente, el canal Guardianes de la Salud, donde dos médicos internacionalistas exponen las verdades de Cuba desde el sitio mismo en que brindan su ayuda solidaria al pueblo guyanés.

Otras contribuciones muy loables, realizadas por iniciativa personal y sin aportes externos, como el canal del Guajiro Citadino TV en México, la plataforma Realidad Cubana, de Daniel Palencia en Argentina, se agregan a un archivo informativo del que ya formaban parte las contribuciones del sitio de Cubainformación desde el País Vasco español, diversos perfiles de Facebook y Twitter elaborados por los grupos amigos de Cuba y de solidaridad en Europa (Martianos Hermes) y en otras partes del mundo, quienes además de las publicaciones de Prensa Latina o de cadenas noticiosas como Telesur, alargan con internet el espectro de nuestros espacios comunicativos de resistencia. Así, las estrategias que aseguraban hasta hace poco la hegemonía mediática de los poderosos monopolios, va cediendo ante la fuerza pujante de una verdad que los resquebraja, que los vulnera cada vez más, convirtiéndolos poco a poco y en beneficio de los desheredados, en presas de su propia red.

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