Como el Apóstol, «morir por la Patria es vivir»

Pintura que recrea el alzamiento del 24 de febrero.

Cual épica que cabalga con amores, esperanzas y consuelos a cuestas, la Patria necesita de la inteligencia, la entrega y el decoro de sus hijos. El empeño de mancillarla ahora se disfraza de arte y el vilipendio se exhibe para saciar las ansias devoradoras del mercado del odio.

Ya no disimulan las intenciones: emborronarnos símbolos, obligarnos a creer que nuestro devenir sociohistórico está lleno de extremismos y tildarnos de negacionistas. Usan a Martí, lo mecen de un lado a otro desconociendo su profunda esencia patriótica. Se pintan en el pecho palabras que les quedan grandes y ceban los alaridos de un contubernio intervencionista.

En el orgullo de la Patria, no caben quienes en vez de honrarla la empantanan, no le sirven para bien, no la quieren con desprendimiento ni apartan de ella sus furias y apetencias.

Escribió Martí que el amor de Patria «ha de ser enteramente puro, sin mezcla de interés personal, activo hasta el frenesí y el sacrificio, hasta la bandera, pero con una actividad de sacerdote, sin que ella se manche nunca con el menor viso de ambición o celo».

Seguir secuestrando la voz del pueblo para como ventrílocuos alimentar una diatriba confrontacional, es este el propósito de quienes dicen desconocer una frase que, lo mismo para los cubanos como para nuestros críticos más acérrimos, es símbolo de resistencia, soberanía, autodeterminación, antimperialismo y no injerencia. Con ¡Patria o Muerte! se sintetizan nuestra dignidad, respeto y sacrificio. Eso es difícil de sepultar con melodías festinadas.

Febrero, como el Apóstol, no cede espacio al olvido. Un 24, se escuchó el grito de independencia que renovó las ansias de libertad de los cubanos e inundó los campos mambises, desbrozando cualquier seña de inmovilismo y sumisión ante una potencia extranjera.

Por eso, mientras haya quien nos convide a olvidar la historia y se le anule a esta con impudicia; mientras existan quienes quieran ver calles invadidas y ensangrentadas por una intervención militar norteamericana, el cántico de esta tierra seguirá propugnando lo que nuestro más sagrado símbolo, el Himno, invoca: «morir por la Patria es vivir».

Por Redacción Razones de Cuba/ Por Santiago Jerez Mustelier

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