Cuba en el Preolímpico de béisbol: Frustración, histeria y odio, los tres strikes que ponchan las agresiones contra Cuba

Cuba ha recibido con respeto y admiración a todas las delegaciones deportivas de Estados Unidos.
Cuba ha recibido con respeto y admiración a todas las delegaciones deportivas de Estados Unidos. Foto: Estudios Revolución

Yer comienzó el preolímpico de las Américas de béisbol, en el cual el equipo de Cuba, desde la 1:00 p.m., se enfrentará a su similar de Venezuela en West Palm Beach, en la Florida. Sin embargo, un grupo que ni remotamente es mayoría, pretende seguir jugando y, por supuesto, perdiendo, a la guerra. Para ello acude a la violencia y, lógicamente, a la mentira. El blanco de sus ataques son los peloteros de la Mayor de las Antillas.

Amparados, organizados y dirigidos por los senadores Rick Scott y Marco Rubio, la congresista María Elvira Salazar, y convocados por el vocero barato de esa jefatura, Alexander Otaola, los integrantes de ese segmento se habrían organizado para darse cita en el parque beisbolero, donde, según ha dicho el propio Otaola, protestarán contra la presencia de representantes del Gobierno «totalitario» de la Isla. Incluso, la legisladora, para garantizar la presencia de ellos, destinó recursos para la compra de entradas.

Trascendió que la seguridad del estadio, cuya responsabilidad recae en el propio Scott, permitiría el pronunciamiento mediante carteles ofensivos y el lanzamiento de objetos al terreno contra los jugadores. Incluso, las frases de ataques, que por respeto no van a emborronar las páginas de este diario, contienen palabras obscenas. Como si fuera poco, anunciaron también que la emprenderían contra el ómnibus donde se trasladan los atletas.

Las normas de la Carta Olímpica, y este es un torneo bajo la sombrilla del olimpismo, pues se trata de la clasificación a los próximos Juegos en Tokio, obliga a los anfitriones a garantizar el normal desarrollo de la competición, que incluye la seguridad de cada uno de los participantes. En otras palabras, son las autoridades estadounidenses, las deportivas y las de Gobierno, las responsables de lo que le suceda a cualquier jugador.

No es nuevo el proceder en territorio estadounidense ante nuestras embajadas deportivas. Hoy es el frustrado Otaola y sus jefes, perdedores de siempre, ante la virilidad del pueblo cubano y su respaldo abrumador a la continuidad de la Revolución y a sus éxitos, pese al bloqueo, más de 240 medidas de un enajenado presidente, que el de turno ni las ha tocado, y pandemia. «Pobrecitos», cómo les queda por sufrir.

El próximo 10 de junio se cumplirán 55 años de la Declaración del Cerro Pelado, nombre del buque que llevó a los atletas a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, en el Puerto Rico colonizado. Aquel texto expresó la voluntad de la comitiva de participar, aunque hubiera que llegar a nado. Antes, en Jamaica-1962, en un evento similar, también en un estadio de pelota, el Sabina Park, provocadores como los de ahora lanzaron sillas y palos contra los miembros de la delegación, quienes se defendieron, provocando la huida de sus agresores; en 1963, en los Panamericanos de Sao Paulo, al avión que llevaba a los deportistas no le permitían tocar la pista del aeropuerto, y el entonces presidente del Inder, José LLanusa Gobels, le dijo al piloto que aterrizara que «venimos a competir, es nuestro derecho».

En Indianápolis-1987, la cita panamericana encontró el mismo ambiente hostil en varios de los escenarios, al igual que en la de 1999, en Winnipeg, donde hasta autorizaron a un periódico, más una emisora de radio, para fustigar e incitar a la deserción de nuestra delegación.

En contraste, jamás un atleta de Estados Unidos, un miembro de sus delegaciones o un periodista ha sido agredido en Cuba, ni física ni moralmente, ninguno ha recibido insultos. Aquí estuvo en marzo de 1999 el equipo de mlb Orioles de Baltimore, y sus peloteros, como Charles Johnson, conocido por la afición por su presencia en los Panamericanos de 1991, al pegar un jonrón decisivo, fue aplaudido. Ovacionamos antes a Jim Abbott, aquel excelente lanzador que le faltaba una mano, lo cual no era impedimento para su excepcionalidad; también a sus compañeros Robin Ventura, Joe Carter o Greg Olson.

Precisamente, en la reunión multideportiva de América, en 1991, en los albores del periodo especial, Cuba ofreció a la TV estadounidense transmitir gratuitamente los Juegos.

En La Habana, en marzo de 2016, el propio presidente de Estados Unidos asistió, a estadio lleno, al partido entre Tampa Bay y Cuba, con sumo respeto al himno de su país, a su bandera y a su alta investidura. No existe un solo ultraje o calumnia de la prensa deportiva a los atletas estadounidenses. Se han recibido a los peloteros de USABaseball en los topes bilaterales y, luego, este mismo pueblo se ha admirado de sus resultados en las ligas mayores, como son los recientes casos de Maikel Conforto o Carlos Rodon, este último autor de un cero jit cero carreras en esta temporada de grandes ligas, lo cual fue elogiado por la crónica deportiva nacional.

A nadie se le ha ocurrido que, por las diferencias políticas, ideológicas o por un criminal bloqueo, mandatado para matar por hambre, obra de los gobiernos de Estados Unidos, se abuchee o se maltrate a un pelotero, ni a su Presidente, quien se sentó, con su familia, detrás de home en el Latinoamericano, sitio en el que la hija del legendario Jackie Robinson, recibió, en nombre de su padre, el prolongado aplauso de homenaje al primer negro en la MLB.

Los que hoy buscan agredir y repudiar al equipo Cuba en la Florida han reconocido, según publicaron ellos mismos en las redes sociales, que el tema es político, y no importa que sean deportistas, artistas, periodistas o médicos, que no sean funcionarios del Gobierno. Ellos, como sus jefes, no actúan contra las estructuras gubernamentales, lo hacen contra el pueblo, porque eso, pueblo, son los peloteros, a los que Otaola, irrespetuosamente, llamó ratas peludas.

A propósito, los jugadores que buscan su boleto olímpico tienen claro que su misión allí es jugar béisbol y darle un buen espectáculo a la lid y a muchos de sus seguidores que irán a apoyarlos, porque quieren la victoria de su país, como los que este fin de semana se pronunciaron contra el bloqueo en varias ciudades estadounidenses.

Para los odiadores, aunque no entiendan ni papa, les dejamos dos mensajes en las voces de Martin Luther King, pastor de la iglesia Bautista, y de José Martí. El nacido en Atlanta expresó: «Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien». Y el más universal de los cubanos los retrató: «Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia, nada construyen, porque sus simientes son de odio».

Autor: Oscar Sánchez Serra

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