Otra muestra de la maldad de la mafia cubano americana.

El gobierno de los Estados Unidos y la extrema derecha cubano-americana utilizan de manera oportunista, criminal e inmoral las dificultades que provoca el bloqueo – recrudecido durante la administración Trump y mantenido por el actual inquilino de la Casa Blanca- y las afectaciones generadas por la pandemia de la Covid-19, para causar la mayor afectación al pueblo cubano.

Por supuesto, culpan a las autoridades de la Isla por las dificultades diarias que enfrentan los cubanos ante la escasez de alimentos, combustibles, medicamentos, suministros médicos y otros productos básicos. Pero, al mismo tiempo, con monumental cinismo esa mafia cubano-americana insiste en sus acciones de presión sobre la administración Biden para que no se aparte de la línea de hostilidad hacia Cuba.

Tal es el caso de la “cubana” Foundation for Human Rights in Cuba (FHRC) adscrita a la también “cubana” Cuban American Nacional Foundation (CANF) – organización de la extrema derecha cubano-americana vinculada desde sus inicios a acciones terroristas contra la Mayor de las Antillas- que mientras públicamente se desgañitan demandando una “intervención humanitaria” en la Isla –eufemismo para enmascarar la intervención militar-, en privado hacen todo lo posible para impedir cualquier ayuda solidaria al pueblo cubano.

Una fuente vinculada indirectamente a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), comentó, a condición de conservar su anonimato que,  a partir de la autorización de emergencia del Departamento de Transporte, previa consulta con el Departamento de Estado, de operar a dos aerolíneas estadounidenses establecidas en la Florida para que puedan llevar “ayuda de emergencia” a Cuba, la “cubana” FHRC –tan pronto se enteró- envió un documento a esa agencia norteamericana con el propósito de obstaculizar posibles donaciones y ayudas que pudieran enviar asociaciones solidarias con la nación caribeña.

Según la fuente, esa organización anexionista anticubana en su escrito osó recordar a su patrono y financiador los estándares bajo los cuales debe adherirse cualquier “asistencia humanitaria” a Cuba en correspondencia con lo regulado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros OFAC, entidad del Departamento del Tesoro encargada de regular como debe ser, o más bien no ser, el comercio con “países enemigos”.

Recordaremos sólo algunas restricciones: no se puede vender nada ni permitir la venta de nada que tenga una tuerca del país más poderoso del mundo, no importa que sean medicinas o equipos médicos como respiradores para salvar vidas, no se puede comprar nada, no pueden ir ni barcos ni aviones, no pueden haber créditos, ni utilizar bancos ni la moneda norteamericana. No importa si son extranjeros, “los dueños del mundo” imponen multas de miles de millones, sancionan a países e incluyen en listas discriminatorias que ellos mismos hacen y de las cuales se excluyen aunque sean los principales violadores.  Y si no quieren entrar por el aro: los denigra “la gran prensa”, los atacan, los bloquean, utilizan ejecuciones extrajudiciales con drones sin importar los llamados “daños colaterales”, los invaden…

Ese “recordatorio” es otro claro ejemplo de la maldad de estos anexionistas que dicen defender los derechos humanos del que fuera su pueblo, pero que en realidad buscan infringirles el mayor daño posible sin discriminar mujeres, ancianos o niños.

Ello unido al desarrollo de campañas subversivas y mediáticas organizadas y financiadas desde el territorio norteamericano incitando a la realización de acciones violentas, persigue el deliberado propósito de provocar la desestabilización interna de Cuba. Un plan maquiavélico al que llevan apostando más de 60 años, infligiendo enormes penurias, pero sin lograr el éxito esperado.

Estos serviles traidores a su pueblo en su contrato con un gobierno extranjero no dejan de utilizar ningún recurso para dañar a la patria que los vio nacer y a la población que se ha negado a hablar un idioma que no sea el suyo, jurar una bandera que no sea la de la estrella solitaria y ostentar la ciudadanía imperial.

Claro, reciben millonarios contratos (grants) que utilizan de forma desordenada, sin mucho control, para esconder las tajadas que sustraen para su peculio personal y destinan muy, pero que muy generosos, salarios que multiplican ampliamente los del personal cubano de esa institución, para personajes influyentes en lugares de su interés, entre ellos un terrorista boliviano implicado en intentos de magnicidio en su país y ciudadanos de Estados Unidos con amplios vínculos en la gran prensa, congreso e instituciones norteñas que manejan abundante dinero del gobierno e instituciones de espionaje y probada subversión contra países más pequeños al sur del río Bravo y allende los mares.

Las “agencias empleadoras”, las que pagan, del país de las barras y las estrellas en un esfuerzo por controlar el “buen uso” del dinero le exigen reportes que expliquen como lo gastan, y los pícaros del FHRC les remiten extensos y detallados informes de decenas de páginas que resumen su “exitoso” trabajo, pero no explican como un pequeño país “desnutrido, enfermo, tiranizado y esclavizado” sigue manteniéndose de pie y no se arrodilla como ellos ante el imperio.

Claro ello tampoco lo puede entender la FHRC que está encabezada por un exitoso vendedor de plantas con mansiones, avión y yate privado en un país del Caribe y un académico de pacotilla, traidor a la memoria de su madre, ex diplomático de la “tiranía castrista” y miembro insigne de las tropas especiales cubanas a las que ahora estigmatiza y hasta manda los nombres y datos de sus antiguos compañeros a su otro empleador: el Departamento de Estado, para que sean sancionados como represores.

Esa maldad y traición genuflexa nos recuerda lo que sentenciara Thomas Paine, uno de los padres fundadores de la nación norteamericana, “una mala causa será defendida siempre con malos medios y por hombres malos”.

Por Julio Ferreira, colaborador de Auca

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