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   Por ACN

Aquella noche ella no pensó en colores. Y cuando la mano negra apretó su cintura y los grandes labios absorbieron los suyos con toda la fuerza de la raza, ella olvidó para siempre los colores. Pero a la salida del sol los gatos dejan de ser pardos, y la familia de Sandra volvió a ser blanca, de ojos verdes y amantes de la claridad.

Es el siglo XXI, a 150 años desde que Carlos Manuel de Céspedes llamó a los esclavos ciudadanos y como hermanos lucharon para que Cuba fuese un país de blancos, negros, mulatos, en fin: hombres y mujeres libres, sin importar los colores.

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