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Miami, donde ni la muerte se respeta.

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Ramón Bernal Godoy / Mentiras en la Mira

Toda muerte causa un dolor inmenso, más aún si se trata de un ser querido. La muerte de un hijo o un nieto es la peor pena a la que pueda someterse un alma, duele incluso más cuando se trata de un joven con un futuro prominente o simplemente una vida por delante. Como dijo hace más de un siglo el ilustre historiador, político y poeta francés Alphonse de Lamartine:

“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd”.

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