Ni en sus más festinados sueños, Orville Platt pudo imaginar algo como la Helms-Burton. En las pretensiones de recolonizar a Cuba, aquel senador por Connecticut, padre de la Enmienda que llevó su nombre, quedó superado ampliamente por ese engendro legal, que entró en vigor un día como hoy de 1996.

Conocida en su momento como Ley Bacardí, por defender los intereses ocultos de la ronera, ese invento llegó en un momento de ascenso de la ola conservadora para aprovechar el fin de campo socialista y acabar con la Revolución Cubana, una vieja aspiración de la Casa Blanca.

Por esos días, para apretar el bloqueo, en el Congreso norteamericano se presentaron nueve proyectos de ley y una resolución que pretendía incluso internacionalizar el cerco desde Naciones Unidas. Lee el resto de esta entrada