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Humanismo: Fase Superior de la Constituyente

 

Por Fernando Buen Abad

“Al pueblo sólo lo salva el pueblo” A menos que entremos en un trance de esquizofrenia aguda, es hora de poner en práctica todo el amor que oficialmente nos han enseñado a tener -en loas- por las constituciones políticas y por los pueblos que deciden, soberanamente, cómo gobernarse. Ese ha sido, una y otra vez, el discurso dominante, casi progre y casi dogmático -y siempre reverencial- con que se expiden los aparatos ideológicos dominantes cuando se trata de instituir formas del respeto social sobre las “máximas instituciones democráticas” que nos rigen. No hay mayor poder que el poder popular y soberano decidiendo su ser y su modo de ser social. La Constituyente es el pueblo salvando al pueblo. Con sus propias reglas y el mismo plan para un mundo sin amos ni esclavos. Un acto de amor. Garantía de Paz.

Y a no ser que todo hubiere sido palabrería demagógica burguesa, que nos refregaron sin clemencia, generación tras generación, hoy en Venezuela se abre una oportunidad única para poner en práctica ese respeto supremo imbuido a las democracias que han crecido (incluso) desigualmente bajo las alas desiguales del capitalismo. No hay lugar para las jugarretas de la doble moral que, acaso, quisiera respeto catedralicio para la democracia burguesa y quisiere toda forma de escarnio, agresión y ataque contra la constituyente en manos de los pueblos. No explicaremos aquí para qué sirve la ironía.

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