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La infancia es el tiempo ideal para aprender que todo acto tiene consecuencias

Publicado en Juventud Rebelde

«Tenía ocho meses de embarazo cuando me enteré de que mi hijo mayor había decidido abandonar su carrera», contó Rina, una señora de 76 años, en la tertulia santaclareña de la Tecla del Duende. «Con el pipote enorme le dije a mi esposo: ¡Nos vamos para La Habana!

«Ya había entregado hasta la litera, pero lo senté a lo cortico y le dije: Tú elegiste esta especialidad y vas a terminarla. Yo le había dado toda la confianza para encaminar su vida, pero también la disciplina que aprendí en casa, y no iba a empezar a ser blandengue a esas alturas».

Todavía se lo agradece, confiesa el hijo, de 55 años. «A esa firmeza debo el título que hoy ampara mis sueños. Ella siempre predicó con el ejemplo y no le temblaba la mano para castigarme o premiarme. Eso me enseñó a ser buen hijo, buen padre y un adulto que honra sus decisiones». Lee el resto de esta entrada

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